
Este historia la traigo de un hermoso libro que me ayudo en un momento muy dificil y lo uso como referencia, dicho libro se llama "Como Alejar la Depresion, tristeza y el mal genio" lo recomiendo.
" Cuando era joven profesional fui enviado a las selvas del Opón a dirigir una obra social. Tenia la responsabilidad de 300 internos y ademas tenía que atender a ocho mil personas diseminadas por entre todos aquellos montes. El poblado más cercano estaba a cuatro horas de camino por entre barrizales impasables, y había que atrevesar ríos tormentosos en simples balsas amarradas con bejucos. La alimentacion en tierras calientes es espantablemente monótona: por la mañana arroz y plátano; a mediodía plátano y arroz y por la tarde, para variar arroz y plátano. El clima horrendamente húmedo (llovía 300 noches cada año). El agua infectada hasta el infinito de amebas. Sin radio (ni en ese tiempo había TV) y no llegaba el periódico sino un día por semana.Los viajes en mula para atender a la gente eran miedosos (varios de mis antecesores habian tenido caídas mortales por esos precipicios). La guerrilla hacía matanzas que no se pueden ni narrar. Y yo recién graduado... yo empecé a perder por completo el apetito. Unicamente deseaba comer algunas frutas como manzanas y duraznos pero en esas lejanas selvas no había nada de eso. Y me fui enflaqueciendo de tal manera que la gente decía que estaba tan flaco que una gallina me podía comer sin sacudirme. Y no se lograba adivinar cuál era mi enfermedad; ni parásitos, ni hígado, ni anemia... Los remedios para esos males no me hacían ningún efecto.
La solucion: depués de varios meses de sufrimiento y agotamiento, fuí invitado a la capital de toda aquella región a dictar una conferencia. Y allá en esa ciudad después de haber pedido mucho a nuestro Señor por la intercesion de la Virgen María, que me solucionara aquel grave problema de salud, leí en el libro del Eclesiástico, de la Biblia, esta bella frase: Tienes que rezar a Dios por tu médico, para que el Señor le ilumine lo que debe aconsejar.
Me dedique entonces a perdirle al Espiritu Santo que le dijera al médico cuál era la causa de mis males. Y me fui en busca de un facultativo. Me habían recomendado un doctor de gran fama. Al llegar a su despacho encontré una gran multitud de pacientes aguardando turno para consulta. Y allí en la pared de la sala vi escrita con grandes letras aquellas frase bíblica: Lo primero que hay que hacer para obtener la verdadera sabiduría es temor de ofender a Dios (Pr 1,7). Ya con esto me animé a confiar en que por allí había alguien que me iba a solucionar mi penosa situación.
Cuando me presenté a donde el médico (después de haber rezado mucho para que Dios me concediera la solucion a mis males por medio de ese hombre), el doctor ni siquiera me tomó el pulso ni me puso ningún aparato sobre el corazón para medir mil pulsaciones. Solamente me pregunto qué era lo que sentía y enseguida sin más me dijo: La causa de todo esto es que hay en su vida algo que usted no acepta. Y la naturaleza está demostrando su disgusto por medio de la falta de apetito. Por favor, digame: ¿qué es lo que actualmente no acepta usted de lo que está sucediendo en su vida?. Yo le dije que no aceptaba tener que estar viviendo allá en esas selvas, con esos climas y esas incomodidades y tanta falta de todo, y tan solo para con tanta gente a mis cuidados.
Entonces el buen doctor me dio un remedio maravilloso: Cada día escriba en un papel dies cosas buenas que le estan sucediendo a usted y por las cuales le quiere dar gracias a Dios. Y esto por diez días.
El remedio me pareció demasiado sencillo pero me propuse a cumplirlo. Y el primer día escribí: Doy gracias a Dios 1- Porque veo, 2- Porque tengo oído, 3- Porque duermo bien, 4- Porque la gente quiere, 5- Porque tengo buenas capacidades para estudiar, 6- Porque tengo un techo para vivir, 7- Porque tengo empleo para ganarme la vida, 8- Porque tengo una familia buena, que aunque está lejana por ahora, sin embargo, me quiere mucho, 9- Porque pertenezco a la mejor religión del mundo, 10.- Porque hay un cielo donde nuestro Señor me tiene un premio por todo lo que sufro... Y asi sucesivamente. Lo cierto es que al quinto día ya había recuperado por completo mi apetito y hasta le dije a la viejita que me cocinaba los alimentos: Estoy tan buen apetito que soy capaz de digerir ¡tres libras de puntillas!.
¿Qué me había pasado? Pues antes, cuando no pensaba sino en lo triste de la vida, yo le mandaba continuos mensajes negativos al cerebro y éste los transmitía a la glándula pituitaria que esta en el centro de mi cabeza) y ella hacía vibrar los nervios de mi estómago, los cuales producían ácidos que paralizaban mi digrestión y me quitaban todo apetito y excitaban mis amebas. Pero ahora que me dediqué a pensar en lo bueno que tiene mi vida ( que es cien veces más numeroso que lo malo que me sucede) entonces el cerebro le pasó estas buenas noticias a la pituitaria y ellas las comunicó a los nervios de mi estómago y éstos soltaron todos los elementos digetivos necesarios y aperació de nuevo mi fugitiva digestión . Y las hormonas saludables se regaron por todo mi cuerpo y hasta las feroces amebas se volvieron m{as calmadas y menos agresivas.
Y bendigo la bondad de Dios que me hizo pasar por esta situación tan dolorosa, porque desde entonces aprendí a compreder a las gentes que tienen la horrible costumbre de andar pensando y recordando lo malo y desagradable que les sucede ne la vida y no en lo bueno y agradable. Y puedo decir con gratitud eterna al Creador, que desde entonces, por docenas de años, he logrado que numerosos personas que llevaban una vida triste y desanimada, sehayan dedicado a hacer una lista de los favores que el Señor les ha concedido y hayan recuperado la salus de su cuerpo, la paz, la alegria de su espiritu"
Le doy gracias a Dios por hacer llegar este libro a mi vida, me hizo entender muchas cosas, recordemos que para que preocuparnos por las cosas que no podemos cambiar por eso digamos la siguiente oración:
"Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen."

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